El campo abierto de mi infancia se ha vuelto un búnker.
Los pasillos se arremolinan y todos dan a la misma habitación sin salida.
La habitación es triste, y oscura, la más triste y oscura que nunca vi.
En ella haré mis planes de victoria y en ella moriré derrotado.
Cogí fuerzas en la campiña y recogí los frutos salvajes que pude
pero, por hormiga trabajadora que seas, las provisiones no son eternas.
Alimentarme de migajas no me vale, es insuficiente,
y las más hermosas frambuesas no sacian mi voraz apetito.
Focos encima del teatrillo infantil, el que no falla, donde el malo muere.
¿Qué son cien años de afilar una daga si luego podré salir de este búnker?
Salir y correr, dejar atrás esta guerra absurda contra el intercambio,
huir de los valores de la madre impuesta, hacer posibles los exilios imposibles.
Pero, ¿de que me sirve afilar y abrillantar esta hoja durante mil años?
¿Para que si el futuro no hace más que correr con una cuerda atada a mi cuello?
Me ofrezco voluntario para soluciones finales, ridículas y absurdas.
Soluciones idiotas que conseguirán acabar con la llamada guerra de los imposibles exiliados.
Unámonos todos, como buenos imposibles, levantémonos y huyamos como cobardes que somos.
¿Acaso no hay derecho a salirse de los términos? Busquemos caminos no asfaltados,
que por no asfaltados no han de ser pedregales repletos de agonía.
Última llamada para los imposibles exiliados, la daga está lista y a punto de zarpar.
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10 de abril de 2011
1 de marzo de 2010
El peso de la moral
Estrechado por la inocencia no quedan palabras.
Rechazo, aunque respiro, la mágica diversión.
Miradas furtivas, de orgullo, de entrega,
sostenidas en este ambiente sobrecargado.
Todo es difuso, todo es hijo bastardo,
fruto de la tradición moral instigadora.
Nos besa y aplasta, y nosotros, conformes,
mas es la que sigue entre nosotros tres.
Pero ven, cógeme, llévame y atácame,
no veo el momento de gritar de dolor.
Dolor al sentir las ganas de revolución.
Y los tiempos cambian, las personas cambian,
más contento de ello no podría estar.
Hace tiempo que no me siento violado,
¿Y qué hago yo con tanta inseguridad?
Espero, paciente, resultados que indiquen,
que el mundo funciona según planeamos.
Evidencias que dejen tan claro como whisky
que siempre he sido alguien de largo plazo.
Así que ven, agárrame, ráptame y atácame,
no veo el momento de gritar de dolor.
Dolor al sentir las ganas de revolución.
Rechazo, aunque respiro, la mágica diversión.
Miradas furtivas, de orgullo, de entrega,
sostenidas en este ambiente sobrecargado.
Todo es difuso, todo es hijo bastardo,
fruto de la tradición moral instigadora.
Nos besa y aplasta, y nosotros, conformes,
mas es la que sigue entre nosotros tres.
Pero ven, cógeme, llévame y atácame,
no veo el momento de gritar de dolor.
Dolor al sentir las ganas de revolución.
Y los tiempos cambian, las personas cambian,
más contento de ello no podría estar.
Hace tiempo que no me siento violado,
¿Y qué hago yo con tanta inseguridad?
Espero, paciente, resultados que indiquen,
que el mundo funciona según planeamos.
Evidencias que dejen tan claro como whisky
que siempre he sido alguien de largo plazo.
Así que ven, agárrame, ráptame y atácame,
no veo el momento de gritar de dolor.
Dolor al sentir las ganas de revolución.
25 de agosto de 2009
Un lugar aislado al que agarrarme
Y que pasa si nos atamos
al punto de partida o al punto de llegada.
Que pasa si nos asimos
a la barra del terror más puro y agresivo.
Nos quedamos aquí, asustados, en esquinas,
llorando mientras el mundo nos grita.
Apabullados obedeciendo órdenes globales,
bebiendo el veneno reproductivo.
¿Dónde están las revoluciones?
Se quedaron en la puerta de un mundo mejor.
El estado del bienestar se cargó de golpe
todas las ganas de romper con la juventud.
El viento no ha sabido utilizarse
y nos quedamos con el dinero del gobierno.
Hemos sido comprados sin mayor esfuerzo,
hemos regalado nuestra complacencia.
Y pequeños seres tienen aun algo de valentía,
seres frágiles como un problema,
ese problema falso que imaginamos.
También se hemos vendido nuestro coraje.
Ahora buscamos, temerosos, un lugar de reposo
huyendo de toda lucha, dejando toda pretensión
de cambiar los negocios entre sociedad y poder.
Necesito agarrarme a algún lugar aislado.
al punto de partida o al punto de llegada.
Que pasa si nos asimos
a la barra del terror más puro y agresivo.
Nos quedamos aquí, asustados, en esquinas,
llorando mientras el mundo nos grita.
Apabullados obedeciendo órdenes globales,
bebiendo el veneno reproductivo.
¿Dónde están las revoluciones?
Se quedaron en la puerta de un mundo mejor.
El estado del bienestar se cargó de golpe
todas las ganas de romper con la juventud.
El viento no ha sabido utilizarse
y nos quedamos con el dinero del gobierno.
Hemos sido comprados sin mayor esfuerzo,
hemos regalado nuestra complacencia.
Y pequeños seres tienen aun algo de valentía,
seres frágiles como un problema,
ese problema falso que imaginamos.
También se hemos vendido nuestro coraje.
Ahora buscamos, temerosos, un lugar de reposo
huyendo de toda lucha, dejando toda pretensión
de cambiar los negocios entre sociedad y poder.
Necesito agarrarme a algún lugar aislado.
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