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28 de marzo de 2010

No me llames soñador

No me llames soñador, por favor,
si no te atreves a jugar conmigo.
No me llames soñador, en serio,
si no crees en las tentaciones.

Que cuando apareces ante mis ojos,
me juro que no existes de verdad,
me creo que eres humo mal fumado
y me tiembla de rabia la razón.

Y sin embargo juego, contigo,
te cuento lo que no te interesa.
Luego, cuando duermo, cuando pienso,
se que es la conversación de mi vida.

Pero es que me gusta pensar en nada,
que se lo que es lo que tu también haces.
Te engaño y me engaño sin escrúpulos
y disfruto viviendo en la nada voraz.

Yo me llamo soñador, que me gusta,
y me atrapo en el no poder despertar.
Yo me llamo soñador, de verdad,
porque veo en ti un sueño que no existe.

27 de enero de 2010

Esa absurda manía

Habito la desesperación del equilibrio
consternado por palabras preciosas.
Comparadas con otras mugrientas
que me levantan de este sofá.

No entiendo el porque de remitirse
a lo aburrido. Consigo perder el tiempo
en lo insípido, a la vez maloliente.
Y la gloria está oliendo a jazmín.

Busco palabras que llenen las mías,
hacer propia la sabiduría popular.
Popular es todo, popular es mucho,
popular soy yo mismo, te regalo mi alma.
Pero no capto esa tonta manía.

Caricias suaves a una aspera tradición,
mientras rechinan los dientes de rabia.
La esperanza de ser feliz ni se digna,
pero en el pensamiento encuentro consuelo.

Busco ideas para tomarlas prestadas.
hacer mía la tradición pensadora.
Tradición es todo, tradición es mucho,
tradición soy yo mismo, pero no soy razón.
Me resigno a esa absurda manía.