Siempre estuve allí, al borde de tu abismo
y no sabía que estabas conmigo.
Me giro, te veo, te odio y te adoro
sin que merezcas la más mínima de las penas.
Y ahora por siempre he de estar aquí,
en mi abismo más profundo y apático,
añorando estar arriba, contigo, en el borde de tu abismo.
Me he condenado al ostracismo más ausente.