En un paisaje de ensueño
me bebo mil demonios
y me entrego a la entereza del saber.
No he sabido conjugar mi memoria
con el peso de la ciencia prematura.
Aun no he visto como coge la forma
esa habilidad que adoro
y que de mi siempre se oculta.
El martillo en mi cabeza
golpea una y otra vez,
se alimenta de la sed del alma
de aquel niño que no tiene que comer.
La más mínima incidencia
patea esos mil demonios
y la más leve de las tareas
representa la ardua búsqueda
de ese amor siempre soñado.
No se si entregarme a ti,
y desaparecer.
No se si violarme en ti
y asi resurgir
de la tumba que me ata,
que me asedia con preguntas.
En las ruinas de la historia
encuentro mi único consuelo.
Ahí mis demonios se encuentran agusto
si me entrego a la apatía,
si me dejo llevar por las ofensas
de la pasividad.