Los días pasan y mis pensamientos se trasladan sin rumbo,
desde el más mundano de los hechos diarios
hasta la más trascendental de las ideas eternas.
Bebo e ingiero cuando casualmente llueve por los lugares que frecuento
sin importarme lo más mínimo mi caprichosa voluntad ni el camino que llevo.
Disfruto parones y arrancadas por igual,
la serpiente cabalgante me tiene a su merced.
Yo me alegro, porque puedo, porque tengo mi puente de madera,
porque hace años que semanalmente cuido sus trabajados cimientos
y, de una forma u otra, eso me permite respirar, tras siglos de hiperventilación.
El letargo ya no dura ni más ni menos de lo que debe,
me agarro a toda causa final sin pensar siquiera intervenir.
¿Para qué? Los dioses mueren por inmortales que sean,
y yo ando a lomos de su infinita y voluble providencia.
La providencia es, ahora mismo, un juego en el que siempre gano.
Victorioso me he levantado otras veces, tras profundas luchas,
pero ahora lo hago porque me se las reglas, porque domino la partida,
porque no hay quien me pare y porque yo me inventé como jugar.
Y esos dioses que me manejan a su antojo, según su providencia,
ciertamente yo los creé, y en mi poder está que mueran, por inmortales que sean.
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16 de marzo de 2011
9 de enero de 2011
Víbora pensante
Sin esperanza te presentas con regalos del futuro
me devuelves falsedades y te cargas mis rutinas.
Penetras mis entrañas como agua tras rutina
para revolver mis intestinos y hacerme vomitar.
Si los chicos fuertes no lloran no se que haces conmigo.
Volverás a mi pensamiento cada vez que me arrepienta,
cada vez que el sentido se desvanezca en la penumbra
y siempre que te llore cuando el techo se me coma.
Me confundes con ese disfraz de víbora pensante,
no me dejas más opción que aceptar la picadura.
Hablando del pasado y del futuro en un contexto difuso
el mal sabor se acomoda en el presente y perdemos la partida.
Lo que pasa al final es que no te llamo porque me asustas
y que no te abrazo porque se que me amas, a pesar de querer.
Si no te atrevias, ¿por qué te atreviste?
Si no me querías, ¿por qué me quisiste?
me devuelves falsedades y te cargas mis rutinas.
Penetras mis entrañas como agua tras rutina
para revolver mis intestinos y hacerme vomitar.
Si los chicos fuertes no lloran no se que haces conmigo.
Volverás a mi pensamiento cada vez que me arrepienta,
cada vez que el sentido se desvanezca en la penumbra
y siempre que te llore cuando el techo se me coma.
Me confundes con ese disfraz de víbora pensante,
no me dejas más opción que aceptar la picadura.
Hablando del pasado y del futuro en un contexto difuso
el mal sabor se acomoda en el presente y perdemos la partida.
Lo que pasa al final es que no te llamo porque me asustas
y que no te abrazo porque se que me amas, a pesar de querer.
Si no te atrevias, ¿por qué te atreviste?
Si no me querías, ¿por qué me quisiste?
29 de diciembre de 2009
Juegos de niños
Un día quisiste suicidarte conmigo
pero nunca salimos a jugar juntos.
Ahora, hundidos en ansiosa ceniza,
nos da miedo hasta vernos los ojos.
Atrévete a jugar, sufre conmigo,
equivócate y miente al mundo.
Engáñame, engáñate y asesina.
Al final sabes que será divertido.
pero nunca salimos a jugar juntos.
Ahora, hundidos en ansiosa ceniza,
nos da miedo hasta vernos los ojos.
Atrévete a jugar, sufre conmigo,
equivócate y miente al mundo.
Engáñame, engáñate y asesina.
Al final sabes que será divertido.
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