Sin dotes de excelencia me acerco al que creo es mi destino.
Hace tiempo que dejé las luchas y aburguesé mis pretensiones.
La pasividad se instala en mi intestino,
que parece saber más que yo de la vida.
Y ante mi futuro me quedo inmóvil,
sabiendo de la inutilidad de mi trabajo.
Me vuelvo un Sísifo convertido en piedra.
Si los hechos no fueran malditos,
si mi condena no tuviera como punto de inicio
la tragedia de mi sino estúpido y adolescente,
si mi cabeza tuviera la capacidad de aprendizaje de mi niñez,
todo lo que cuento no sería más que palabra pasajera,
no sería más que pensamiento vano y divertido.
Pero las experiencias cada vez pesan más, se atragantan.
Por eso mi estómago ruge, como protesta por mi no saber hacer.
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23 de febrero de 2011
3 de abril de 2010
El corsé de mi pericia
En la tierra de siempre vomito las palabras,
se me esconden las sentencias y me asusto de actuar.
Maduré en otros lares y regurgito adolescencia
cuando piso presuroso el eje de mis lamentaciones.
Como duele respirar el aire siempre viciado
y como afecta la verja de metal que es todo horizonte.
Me doblego y reverencio ante el dios más inhumano.
¿Dónde dejé el corsé de mi pericia?
Me complico, a trompicones, recetando malas hierbas
y no me siento a esperar que pasen tempestades.
La impaciencia, que me puede, que se mezcla con tu ausencia
y la más larga panacea brota de mis manos.
Yo no puedo caminar sin la más estúpida ignorancia,
necesito mi antigua simpleza para poder no avanzar.
Tus amigos, los de siempre, que no miro por vergüenza
me imponen el superado discurso de la gente mayor.
Necesito una infusión urgente, de sangre, de vida,
de pereza productiva que mantenga mi sonrisa
porque no me atrevo a ir donde siempre me desvelo,
donde mis bastardos potenciales mueren lentamente.
se me esconden las sentencias y me asusto de actuar.
Maduré en otros lares y regurgito adolescencia
cuando piso presuroso el eje de mis lamentaciones.
Como duele respirar el aire siempre viciado
y como afecta la verja de metal que es todo horizonte.
Me doblego y reverencio ante el dios más inhumano.
¿Dónde dejé el corsé de mi pericia?
Me complico, a trompicones, recetando malas hierbas
y no me siento a esperar que pasen tempestades.
La impaciencia, que me puede, que se mezcla con tu ausencia
y la más larga panacea brota de mis manos.
Yo no puedo caminar sin la más estúpida ignorancia,
necesito mi antigua simpleza para poder no avanzar.
Tus amigos, los de siempre, que no miro por vergüenza
me imponen el superado discurso de la gente mayor.
Necesito una infusión urgente, de sangre, de vida,
de pereza productiva que mantenga mi sonrisa
porque no me atrevo a ir donde siempre me desvelo,
donde mis bastardos potenciales mueren lentamente.
29 de diciembre de 2009
Juegos de niños
Un día quisiste suicidarte conmigo
pero nunca salimos a jugar juntos.
Ahora, hundidos en ansiosa ceniza,
nos da miedo hasta vernos los ojos.
Atrévete a jugar, sufre conmigo,
equivócate y miente al mundo.
Engáñame, engáñate y asesina.
Al final sabes que será divertido.
pero nunca salimos a jugar juntos.
Ahora, hundidos en ansiosa ceniza,
nos da miedo hasta vernos los ojos.
Atrévete a jugar, sufre conmigo,
equivócate y miente al mundo.
Engáñame, engáñate y asesina.
Al final sabes que será divertido.
En Kärlekshistoria
No tuvieron miedo de perderse
en el triste mundo de lo adulto.
Mantuvieron jugosas ventajas
en forma de estúpidas sonrisas.
La alegria se los merendó y no hubo
quien tuviera valor suficiente
para amargarles su incoherente
inocencia de verano.
Bailar a los trece no tiene secreto.
Y bailaron noche y día,
en el estómago de la alegría.
El horrible mundo continuaba
real, paralelo y ajeno.
Pero una voz estridente con forma
de conciencia moribunda,
sembró desorden, sembró dolor.
Interpelando lo prohibido,
interpelando la dulzura.
Así no había quien bailara
y las sonrisas de desvanecieron,
se esfumaron, y la alegría,
como parece que debe siempre ocurrir,
al final empezó a digerir.
En Kärlekshistoria
en el triste mundo de lo adulto.
Mantuvieron jugosas ventajas
en forma de estúpidas sonrisas.
La alegria se los merendó y no hubo
quien tuviera valor suficiente
para amargarles su incoherente
inocencia de verano.
Bailar a los trece no tiene secreto.
Y bailaron noche y día,
en el estómago de la alegría.
El horrible mundo continuaba
real, paralelo y ajeno.
Pero una voz estridente con forma
de conciencia moribunda,
sembró desorden, sembró dolor.
Interpelando lo prohibido,
interpelando la dulzura.
Así no había quien bailara
y las sonrisas de desvanecieron,
se esfumaron, y la alegría,
como parece que debe siempre ocurrir,
al final empezó a digerir.
En Kärlekshistoria
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