El campo abierto de mi infancia se ha vuelto un búnker.
Los pasillos se arremolinan y todos dan a la misma habitación sin salida.
La habitación es triste, y oscura, la más triste y oscura que nunca vi.
En ella haré mis planes de victoria y en ella moriré derrotado.
Cogí fuerzas en la campiña y recogí los frutos salvajes que pude
pero, por hormiga trabajadora que seas, las provisiones no son eternas.
Alimentarme de migajas no me vale, es insuficiente,
y las más hermosas frambuesas no sacian mi voraz apetito.
Focos encima del teatrillo infantil, el que no falla, donde el malo muere.
¿Qué son cien años de afilar una daga si luego podré salir de este búnker?
Salir y correr, dejar atrás esta guerra absurda contra el intercambio,
huir de los valores de la madre impuesta, hacer posibles los exilios imposibles.
Pero, ¿de que me sirve afilar y abrillantar esta hoja durante mil años?
¿Para que si el futuro no hace más que correr con una cuerda atada a mi cuello?
Me ofrezco voluntario para soluciones finales, ridículas y absurdas.
Soluciones idiotas que conseguirán acabar con la llamada guerra de los imposibles exiliados.
Unámonos todos, como buenos imposibles, levantémonos y huyamos como cobardes que somos.
¿Acaso no hay derecho a salirse de los términos? Busquemos caminos no asfaltados,
que por no asfaltados no han de ser pedregales repletos de agonía.
Última llamada para los imposibles exiliados, la daga está lista y a punto de zarpar.
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10 de abril de 2011
3 de marzo de 2009
Controling my feelings for too long (Bebiendo mil demonios)
En un paisaje de ensueño
me bebo mil demonios
y me entrego a la entereza del saber.
No he sabido conjugar mi memoria
con el peso de la ciencia prematura.
Aun no he visto como coge la forma
esa habilidad que adoro
y que de mi siempre se oculta.
El martillo en mi cabeza
golpea una y otra vez,
se alimenta de la sed del alma
de aquel niño que no tiene que comer.
La más mínima incidencia
patea esos mil demonios
y la más leve de las tareas
representa la ardua búsqueda
de ese amor siempre soñado.
No se si entregarme a ti,
y desaparecer.
No se si violarme en ti
y asi resurgir
de la tumba que me ata,
que me asedia con preguntas.
En las ruinas de la historia
encuentro mi único consuelo.
Ahí mis demonios se encuentran agusto
si me entrego a la apatía,
si me dejo llevar por las ofensas
de la pasividad.
me bebo mil demonios
y me entrego a la entereza del saber.
No he sabido conjugar mi memoria
con el peso de la ciencia prematura.
Aun no he visto como coge la forma
esa habilidad que adoro
y que de mi siempre se oculta.
El martillo en mi cabeza
golpea una y otra vez,
se alimenta de la sed del alma
de aquel niño que no tiene que comer.
La más mínima incidencia
patea esos mil demonios
y la más leve de las tareas
representa la ardua búsqueda
de ese amor siempre soñado.
No se si entregarme a ti,
y desaparecer.
No se si violarme en ti
y asi resurgir
de la tumba que me ata,
que me asedia con preguntas.
En las ruinas de la historia
encuentro mi único consuelo.
Ahí mis demonios se encuentran agusto
si me entrego a la apatía,
si me dejo llevar por las ofensas
de la pasividad.
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