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3 de febrero de 2011

Dime que haces y te diré quien eres

¿Qué debo hacer en este río sin destino?
Navego y navego y no llego a ningún lado.
No hay paradas, no hay puertos, no hay aldeas,
me aburro como farola de madrugada.
A veces ni siquiera me tengo a mi mismo.

Pero unos días, cuando sueño, cuando siento,
me despierto y me invento una vida,
me invento que hago cosas, que soy feliz.
En el fondo se que son solo eso, invenciones,
y que mi vida está más vacía que un tarro de galletas tras un desayuno infantil.

Pero entonces, cuando no hay más remedio,
cuando decido que mi voluntad puede con todo,
que el peor de los males no existe si no lo veo,
me digo que yo soy lo que hago, lo que digo,
que si yo me invento de tal forma, de esa forma seré.

17 de marzo de 2009

A un día de distancia de París

Hay veces que sin más
las luces dejan de cegar,
el martillo deja de golpear
y las nubes se abren sin saber,
si es azul o gris el infinito,
si es cierta o no esta dicha.

Y no duerme la esperanza
en estos días de calor,
estando a punto de inmolarse
los instintos del terror.
Lineas divertidas que respiran
y la vejez queda tan lejos.

Desayunar a la luz de las velas
y cenar con la idea de vivir.
Tanto anhelo esas pasiones,
que no hacían si no anidar,
en corazones pasajeros,
en carretes de nostalgia.

Y hoy la violencia muere
a los pies de un día feliz,
y más que aprecio por el destino,
me siento en deuda con la verdad.

Sin registros ni proposiciones,
sin cesiones a la tontería del pensar.
Me arriesgaría a ser un ignorante
por un trozo caliente de esta dicha,
si tuviera la presencia innata
del tiempo infinito en un zapato.

Y ya amanece sin necesidad de perdón.
Y ya oscurece,
con la impaciencia puesta en el mañana.